Febrero 23, 2022 Armando Bracamontes

Un arquetipo es el modelo original de algo. Sirve como molde para reproducir copias y se toma como el estándar o ideal de las copias creadas. Son físicos o simbólicos, por lo que podemos decir que, el barquito de papel que hace la maestra en clase, es el arquetipo que los alumnos seguirán para crear el suyo; pero, también podemos decir que, son aquellos patrones de conducta o comportamiento implementado por algunos y sobre los que se basarán las personas al momento de actuar. Siguiendo con el ejemplo de la clase, si la maestra enseña a no comer dentro del aula y actúa para cumplirlo, los estudiantes imitarán esta misma conducta. Así, los arquetipos también pueden ser considerados como ejemplos.

Apliquémoslo al branding

Dentro de una marca, el arquetipo es básicamente su identidad, todos aquellos valores, posturas, objetivos y demás que la caracterizarán y definirán su relación con el público meta. En otras palabras, el arquetipo es el modelo, conformado por todas las cualidades de la marca, que regirán las acciones de esta, y eso determinará la relación que forme con su target. Por ejemplo, si una marca juvenil se describe como tolerante e inclusiva (valores que serán su arquetipo) y actúa en pro de los derechos de la comunidad LGBT+, formará una relación de empatía y amistad con los chicos, cosa que le beneficiará puesto que ellos son su audiencia objetiva.

Ya que sabemos esto, debemos decir que, de hecho, nosotros tenemos ciertos arquetipos heredados. El descubridor del fenómeno es el psiquiatra Carl Gustav Jung, quien planteó que todos tenemos un inconsciente colectivo. Es cierto que todos formamos una personalidad de acuerdo a nuestras experiencias y aprendizajes, pero esto es independiente al inconsciente colectivo, que heredamos de nuestros antepasados y rige nuestra percepción de lo social y lo cultural.

Algunos de los arquetipos que define Jung son: “el ánima”, “el ánimus”, “el padre”, “la madre”, “el sabio”, “la sombra”, “el héroe”, “la persona” y “el trickster”, pero hallamos otros como “el amante”, “el rebelde”, “el explorador”, “el creador”, etc. Cada uno tiene rasgos propios, tanto buenos como malos. Lo que nosotros haremos es estudiar cada uno para sacar las características que más nos convengan a la hora de formar nuestra identidad de marca, conforme a las metas que queremos alcanzar.

Además, siguiendo este mismo fin, aplicaremos el análisis a nuestro target. Retomando el ejemplo de la marca juvenil, si la mayoría de nuestros clientes se discute una personalidad entre “el rebelde”, “el explorador” y “el creador”, podemos tener una marca con algunos rasgos de desobediencia sana (tomado de “el rebelde”), dinamismo (tomado de “el explorador”) e innovación (tomado de “el creativo”), pero a la vez se pueden tener rasgos de empatía y protección (tomados de “la madre”) como una forma de cercanía con los chicos.

En conclusión, el arquetipo de una marca será fundamental para toda la construcción de esta (desde el logo y el eslogan, hasta la misión visión y valores). Para establecerlo, podemos apoyarnos de los arquetipos heredados y retomar los rasgos más convenientes de cada uno, sin olvidar que, los tiempos y las personas van evolucionando, y dar nuestro toque personal, tomándolo en consideración, siempre será un punto a favor. Recordemos también ser responsables con los modelos a seguir que implementamos no solo dentro de nuestra marca, sino también con todas las personas que nos seguirán y pueden incluso, tomar nuestras acciones como un arquetipo personal.

Como extra, te dejamos algunos ejemplos:

Armando Bracamontes

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